miércoles, 28 de marzo de 2012

sindrome de descompresion rapida

El síndrome de descompresión es el término empleado para denominar a la enfermedad aguda conocida en medicina como embolia gaseosa producida por una disminución brusca de la presión atmosférica. Esta enfermedad se caracteriza por la aparición de pequeñas burbujas e inflamación a nivel subcutáneo, pero el síntoma inequívoco es la aparición de un fortísimo dolor, que afecta a diversas partes del cuerpo. Ciertas regiones corporales pueden sufrir parálisis transitoria y en ocasiones se producen lesiones permanentes e incluso la muerte.
Este síndrome de descompresión también es conocido como "enfermedad de los buzos" o "mal de presión"

Historia

La primera vez que se observó este proceso fue en 1839, y pronto fue conocido entre los buzos y los trabajadores que debían permanecer durante períodos prolongados en cámaras de aire comprimido. Los síntomas aparecían cuando volvían a las condiciones atmosféricas habituales. La única medida terapéutica que se conocía consistía en devolver a la víctima a una cámara de alta presión, e iniciar la descompresión de manera lenta y progresiva. Se ignoraba la causa de los síntomas. Durante la Segunda Guerra Mundial, la evolución de la aeronáutica permitió que los aviones alcanzaran más de 9.000 m en 6 minutos; a esa altitud, la presión atmosférica es inferior a un tercio de la presión atmosférica a nivel del mar. Una despresurización tan brusca conducía con frecuencia a la aparición de un síndrome de descompresión en el piloto.

Estudios de la enfermedad

Con este motivo se empezó a estudiar en profundidad el mecanismo de la enfermedad: un descenso brusco de la presión del aire produce una disminución de la solubilidad de los gases en solución, y por tanto los gases disueltos retornan al estado gaseoso dentro de la corriente sanguínea, formando burbujas de gas. Estas burbujas de gas liberadas dentro de la corriente sanguínea pueden obstruir algunos de los vasos terminales (arteriolas), interrumpiendo el aporte sanguíneo a las terminaciones nerviosas, desencadenándose así los síntomas que se producen a consecuencia de cuadros isquémicos (infartos) en diferentes zonas, cerebrales, óseas, renales, etc.. El oxígeno y el dióxido de carbono vuelven a su estado soluble dentro de la sangre con rapidez, pero los gases inertes permanecen en estado gaseoso y por tanto son el principal responsable.
Se puede prevenir la aparición de esta enfermedad haciendo que el piloto respire oxígeno puro no sólo durante el vuelo, sino también antes del mismo. De esta manera se elimina el nitrógeno de la circulación.
Para que se presente esta enfermedad en los buzos,estos deben respirar una mezcla gaseosa que contenga uno o más gases inertes (por ejemplo: nitrógeno, helio, hidrógeno), y deben permanecer un tiempo y a una profundidad determinada para que se produzca una saturación considerable de gas inerte en los tejidos. En esas condiciones es imprescindible realizar durante el ascenso paradas estáticas por el buzo para eliminar el sobrante de gas inerte que se acumula en los tejidos. Si se omiten estas paradas se producirá una sobresaturación excesiva de gas inerte que puede alcanzar el punto crítico de sobresaturación a partir del cual el gas cambia de estado y forma burbujas. Estas burbujas que pueden ser intravasculares y/o extravasculares son las responsables del cuadro sintomático de la enfermedad descompresiva

SÍNTOMAS LEVES

El buceador afectado puede experimentar síntomas leves al principio e ignorar estas señales de alerta hasta que se desarrollan los síntomas graves.

La fatiga, el cansancio inusual, la comezón... todos ellos se consideran síntomas leves y pueden responder a un tratamiento de primeros auxilios con oxígeno.

El dolor de articulaciones, también considerado a veces como un síntoma leve, necesita terapia de recompresión. Ningún síntoma debe ser ignorado pues, en algunos casos, la progresión de un síntoma leve a uno grave puede ser muy rápida.

Si un buceador experimenta síntomas leves al salir a superficie, deberemos situarlo horizontalmente en posición lateral, con la cabeza apoyada y la pierna superior doblada por la rodilla, y suministrarle oxígeno.


Posición del buceador afectado
En caso que estuviera perfectamente consciente y tranquilo podremos tumbarlo de espaldas para que esté más cómodo.

Es importante no obstruir la circulación de la sangre, por ello deberemos evitar que cruce las piernas, o que ponga la cabeza sobre un brazo, por ejemplo. Si todavía está eliminando gases, obstruir la circulación de un miembro interfiere este proceso.

El tratamiento con oxígeno puede eliminar los síntomas leves, o al menos evitar que empeoren. Si los síntomas parecen remitir, no suspenderemos el tratamiento con oxígeno inmediatamente, pues los síntomas pueden volver a aparecer.

Deberemos continuar el suministro de oxígeno durante 30 minutos en casos leves, buscando asistencia médica en casos más graves.


SÍNTOMAS SERIOS

Cualquier síntoma como dolor, debilidad, entumecimiento, vértigo, nauseas o baja consciencia pueden indicar un síndrome serio de descompresión.

Los síntomas serios indican una emergencia médica que requiere una evaluación médica urgente y un tratamiento adecuado en el hospital más cercano, seguido de un traslado de emergencia a una cámara hiperbárica para la recompresión.

Si un buceador muestra cualquier síntoma serio, especialmente en las 24 horas siguientes a la inmersión, deberemos colocarlo en la posición lateral que hemos explicado, para evitar que el vómito (que junto con las nauseas son muy frecuentes) bloquee las vías respiratorias. Le suministraremos oxígeno hasta que lleguemos al hospital más cercano.

Por supuesto, si necesitamos efectuar la reanimación cardiopulmonar, el afectado deberá quedar de espaldas al suelo. Vomitar en esta posición es extremadamente peligroso. Si ocurriera lo giraremos de lado rápidamente hasta liberar las vías respiratorias y continuaremos la reanimación.

Un afectado con disminución de consciencia deberá ser colocado en dicha posición para evitar la inhalación del vómito, caso de producirse. Comprobaremos periódicamente su pulso y respiración hasta que demos por terminado el proceso de la evacuación.

Datos recientes han indicado que las víctimas de un accidente de descompresión presentan una evolución mucho más favorable, cuando se les suministra oxígeno como primeros auxilios, que cuando no se les suministra.

Este suministro de oxígeno presenta las siguientes ventajas:

Ayuda a eliminar el nitrógeno de los tejidos.
Incrementa el suministro de oxígeno a los tejidos, incluso a los afectados por la embolia gaseosa.
Maximiza la oxigenación en los casos en que resulta dañado el pulmón y en los de disminución de las capacidades del cuerpo en el intercambio de gases (agua en los pulmones, por ejemplo)
Debemos resaltar el papel crucial que tiene la oxigenación en casos de accidentes de descompresión, especialmente cuando ocurren lejos de una cámara de descompresión

¿ Por qué es tan importante suministrar oxígeno ?

El oxígeno suplementario es de gran ayuda en una reanimación cardiopulmonar y es excelente para cualquier afección que impida el normal abastecimiento de oxígeno a los tejidos.

Un síndrome de descompresión o aeroembolismo son peligrosos en tanto que interfieren con el transporte de oxígeno a ciertas partes del cuerpo.

Suministrar oxígeno en concentraciones altas aumenta el transporte de este gas a todos los tejidos en general, por supuesto mejorando el estado, cualquiera que sea, de los tejidos afectados.

Este mismo oxígeno es el que aumenta la tasa de difusión del nitrógeno, contenido en las burbujas, por los tejidos circundantes siguiendo la máxima del equilibrio (la composición de gases en el interior del cuerpo tenderá a ser la misma que en el exterior del mismo), la cual está presente en toda la Naturaleza

martes, 6 de marzo de 2012